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Somos la primera generación humana en sentir los efectos del cambio climático. Y si no cambiamos la dirección del mundo a tiempo, seremos la última que tendrá la oportunidad de hacerlo.

Permacultura es Cultura Permanente. Hay desarrollos actuales que están resultando inútiles o hasta dañinos. Es el momento de reconsiderar y volvernos exigentes sobre cómo deben cultivarse los alimentos que comemos, qué comer, cómo vivir (y eso aún sin entrar a los temas de comercio justo y los organismos genéticamente modificados)

Hoy hay que conocer diferentes sistemas de creencias tradicionales y científicas, pues cada una refleja una realidad humana interna. Hay que interiorizar conocimientos (el corpus) y las prácticas de cultivo respetuosas con la vida y el ambiente (la praxis).

Si creemos en un mundo material, lo tendremos. Si creemos en un modelo económico neo-liberal, los resultados están a la vista. Pero si creemos que como sociedad podemos actuar para procurarnos salud y bienestar y enfocamos en ello nuestra mejor intención, sin duda en eso tendremos éxito. 

A principios de los años setenta (en Alemania), sólo nos acompañaba el empeño de la educación ambiental. (…) invitamos a asistir a clases, a ver películas, a reuniones en la escuela… Nos acompañaron ante los medios de publicidad, en festivales, conferencias, teatro en plazas, encuentros, música por movimientos ecológicos y sociales que buscaban principalmente la paz en todos los niveles, reclamábamos un mundo libre de bombas nucleares y energía nuclear (en el contexto de la Guerra Fría), que considerábamos muy cerca y que ponía en riesgo la vida, y experimentábamos la energía solar, eólica y otras fornas de ganar energía renovable. Se encontró en este tiempo de renovación, una corriente de innovaciones, de transformación en los conceptos utópicos, sueños alcanzables en las relaciones humanas y con la naturaleza en peligro. — Reinhard Senkowski, “Metabolismo Cultural como Estrategia para Preservar la Identidad Cultural y Ecológica”